Por Christian Santiago Católico Riaño
Hay canciones que creemos conocer de memoria, las hemos escuchado cientos de veces, pero no nos percatamos de detalles como el de Shannon Hoon. Sabemos cuándo entra el solo de guitarra, cuándo cambia el ritmo y hasta somos capaces de anticipar cada palabra. Pensamos que ya no tienen nada nuevo por revelarnos. Sin embargo, de vez en cuando ocurre algo que nos obliga a volver a escucharlas como si fuera la primera vez. Eso me pasó cierto fin de semana.
Junto a mi esposa decidimos visitar un bar de rock en Bogotá. Sobre el escenario había una banda de covers y, en un momento de la noche, comenzaron a interpretar Don’t Cry de Guns and Roses, una de esas canciones que cualquier amante del rock reconoce desde los primeros acordes.
La vocalista hizo un trabajo extraordinario. Igualar la voz del Axl Rose de la época del Use Your Illusion, no es tarea fácil; para muchos, esa fue la mejor etapa de su carrera como cantante. Mientras la escuchaba, pensé exactamente lo que probablemente habría pensado cualquiera: «Claro, una mujer tiene muchas más posibilidades de alcanzar esas notas tan altas».
Entonces mi esposa, que ha dedicado buena parte de su vida al canto y tiene un oído capaz de distinguir una voz principal, una segunda voz o una armonía casi de inmediato, me hizo una pregunta que cambió por completo mi forma de escuchar esa canción.
—¿Ya viste quién está haciendo la voz más alta?
Sin pensarlo respondí:
—La vocalista.
Ella sonrió y me dijo:
—No. Escucha otra vez. El que está haciendo esa armonía es el tecladista. Confieso que me sorprendió.
Volví a escuchar la canción con más atención y, por primera vez, dejé de concentrarme únicamente en la voz principal. Empecé a descubrir todo aquello que normalmente pasa desapercibido. Esa noche entendí que muchas veces escuchamos una canción, pero no la observamos. La curiosidad me acompañó durante toda la semana.
Volví a poner Don’t Cry, esta vez con audífonos, y después decidí mirar nuevamente el videoclip. Fue entonces cuando encontré un detalle que había estado frente a mí durante años sin que jamás lo notara. En varias escenas aparece otra persona cantando junto a Axl Rose. No está todo el tiempo en primer plano. Sus apariciones son rápidas. Casi imperceptibles. Pero ahí está.
Ahora, una vez que lo descubres, ya no puedes dejar de escucharlo. Ese otro cantante era Shannon Hoon, el vocalista de Blind Melon, la banda que años después inmortalizaría otra de mis canciones favoritas: No Rain, Shannon no solo aparece en el videoclip; también interpreta las armonías que acompañan a Axl durante buena parte de Don’t Cry, una decisión que incluso Slash destacó años después al afirmar que su voz hizo que la canción sonara mucho más emotiva, como suele pasar con las buenas historias, detrás de esa colaboración también había una casualidad.
La historia de Shannon Hoon
Antes de fundar Blind Melon, Shannon Hoon era un gran admirador de Guns N’ Roses y cantaba sus canciones en una banda de covers, cuando decidió mudarse a Los Ángeles, su hermana amiga de Axl Rose desde Indiana, los puso nuevamente en contacto.
Axl quedó impresionado con su voz y lo invitó a participar en las grabaciones de Use Your Illusion I y Use Your Illusion II. Nadie imaginaba que aquel joven terminaría dejando una de las armonías más memorables del rock de los noventa.
Lamentablemente, Shannon Hoon falleció en 1995, con apenas 28 años. Su carrera fue demasiado corta, pero alcanzó a dejar canciones que todavía siguen emocionando a millones de personas. No Rain fue el himno que inmortalizó a Blind Melon, pero cada vez estoy más convencido de que una parte de su legado también vive escondido dentro de Don’t Cry.
Y eso me hizo pensar en algo que va mucho más allá de la música, vivimos en una época en la que celebramos únicamente a quien aparece en la portada, admiramos al cantante principal, al director de una película, al deportista que levanta el trofeo o al artista cuyo nombre aparece en letras grandes.
Pero, pocas veces, nos detenemos a pensar en todas esas personas que, desde un lugar mucho más silencioso, terminan haciendo que una obra alcance otro nivel, ellos no siempre reciben los aplausos, en ocasiones, ni siquiera conocemos sus nombres y su aporte generó una historia exitosa. Quizá Shannon Hoon fue eso para Don’t Cry, ese ingrediente que no aparece en la receta principal, pero que termina haciendo inolvidable el resultado.
Por eso esta semana quiero proponerte un ejercicio. Vuelve a escuchar Don’t Cry. Hazlo con calma. Mira nuevamente el videoclip. Busca esa otra voz que acompaña a Axl Rose casi de principio a fin. Tal vez descubras algo que siempre estuvo ahí y nunca habías notado, porque, al final, las grandes canciones se parecen mucho a la vida.
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Lo que realmente las hace extraordinarias casi nunca es lo primero que vemos, su verdadera magia está escondida en esos pequeños detalles que alguien decidió regalar sin necesidad de ocupar el centro del escenario.
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