Por Christian Santiago Católico Riaño
Hay preguntas que aparecen cuando menos uno las espera. La mía llegó hace unos días, mientras escuchaba Foreign Tongues, el nuevo álbum de los Rolling Stones. No fue una pregunta sobre las canciones. Tampoco sobre la producción, los invitados o la gira. Fue una pregunta mucho más sencilla.
¿Por qué los Rolling Stones siguen haciendo música?
Mick Jagger tiene más de ochenta años. Keith Richards también. Ron Wood lleva más de medio siglo sobre los escenarios. Los tres podrían vivir tranquilamente del legado que construyeron. Vendieron millones de discos, llenaron estadios en todos los continentes, inspiraron a generaciones enteras de músicos y escribieron algunas de las páginas más importantes de la historia del rock. Entonces, ¿por qué volver a un estudio de grabación?
Cuando la notas Foreign Tongues me permitieron reavivar los falsetes de Jagger en mi memoria, entendí que, quizá, estaba haciéndome la pregunta equivocada. La verdadera pregunta no es por qué siguen grabando. La verdadera pregunta es ¿cómo se deja de hacer aquello que uno ama?
Vivimos en un mundo donde pareciera que todo debe producir dinero, seguidores o reconocimiento. Si una actividad deja de ser rentable, muchos creen que pierde sentido. Tal vez por eso me impresiona tanto ver a los Rolling Stones seguir componiendo canciones después de más de seis décadas de carrera. No porque necesiten un nuevo éxito. No porque deban demostrar que siguen vigentes. Lo hacen porque la música dejó de ser un trabajo hace mucho tiempo. La música es simplemente su manera de vivir.
El amor en los detalles de Foreign Tongues
Se trata del vigésimo quinto álbum de estudio de los Rolling Stones, un proyecto que nació de una forma muy particular. Muchas de sus canciones fueron escritas durante las sesiones del álbum Hackney Diamonds, el disco publicado en 2023 que marcó el regreso de la banda al estudio después de casi dos décadas sin material inédito y que, además, les permitió conquistar un nuevo premio Grammy.
Aquellas composiciones no quedaron olvidadas en un cajón. Los Stones decidieron regresar a ellas, terminarlas y convertirlas en un nuevo capítulo de su historia.
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No es la primera vez que ocurre con los Rolling Stones
Los seguidores de la banda recordarán que algo muy parecido sucedió en 1981 con Tattoo You, un álbum construido a partir de grabaciones que habían quedado archivadas durante años y que terminó regalándole al mundo uno de sus mayores clásicos: Start Me Up. Quizá esa sea otra enseñanza. Los artistas nunca dejan de crear.
A veces las canciones simplemente esperan el momento adecuado para existir.
El álbum fue producido nuevamente por Andrew Watt, uno de los productores más importantes de la actualidad, quien llegó a trabajar con los Stones gracias a la recomendación de Paul McCartney. El disco reúne catorce canciones grabadas entre Londres y Los Ángeles y vuelve a recorrer el blues, el rock clásico y algunos matices pop sin perder la esencia que convirtió a la banda en una referencia para generaciones enteras.
Mientras escuchaba cada canción descubrí que Foreign Tongues también habla de amistad. De esas amistades que solo la música puede construir. Paul McCartney participa tocando el bajo en uno de los temas.
Robert Smith, líder de The Cure, terminó grabando dos canciones casi por accidente. Había llegado al estudio únicamente para visitar a Andrew Watt. Mick Jagger lo vio entrar vestido completamente de negro y con su característico maquillaje. Durante unos segundos no logró reconocerlo. Cuando finalmente se dio cuenta de quién era, le hizo una invitación que seguramente cualquier músico del planeta habría querido escuchar:
- Ya que estás aquí… ¿por qué no grabas con nosotros? Y así ocurrió.
Bruno Mars también aparece como invitado, aportando algo tan sencillo como un cencerro en una de las canciones. Tiempo después, el propio Mick Jagger confesó entre risas que se arrepentía de no haber aprovechado mucho más su presencia en el estudio. Chad Smith también hace parte del proyecto, mientras Steve Jordan continúa ocupando la batería que durante tantos años perteneció a Charlie Watts.
Y ahí apareció otro momento que me conmovió. Charlie ya no está. Pero su sonido sí.
Una de las canciones conserva la participación del histórico baterista de los Stones. Escuchar su batería en medio del disco produce una sensación difícil de explicar. Es como si la banda quisiera recordarnos que hay personas que nunca se marchan del todo. Permanecen en cada nota, en cada canción y en cada recuerdo. Pensé entonces en algo curioso. Paul McCartney no necesitaba tocar en un disco de los Stones. Robert Smith tampoco. Bruno Mars mucho menos.
Ninguno estaba allí buscando fama, todos ya la tienen
Estaban allí porque, cuando una banda como los Rolling Stones abre la puerta de un estudio, incluso los gigantes vuelven a sentirse como aquellos jóvenes que un día soñaron con tocar junto a sus héroes.
Eso dice mucho más que cualquier premio. Mientras más avanzaba el disco, más entendía que la verdadera vigencia de una banda no se mide por la cantidad de reproducciones en las plataformas digitales. Se mide por las ganas de seguir creando. Muchas veces creemos que el éxito consiste en llegar y conseguir un premio, llenar un estadio o vender millones de discos.
Ellos parecen demostrar exactamente lo contrario. El verdadero éxito consiste en conservar intacta la capacidad de emocionarse. Consiste en seguir aprendiendo, sintiendo curiosidad, continuar con la misma emoción de entrar a un estudio como si todavía estuviese en el aire una canción esperando ser descubierta.
Creo que todos deberíamos encontrar algo que nos haga sentir así, no necesariamente tiene que ser la música, puede ser escribir, tomar fotos, enseñar, pintar o aquello que haga palpitar el corazón. Lo importante es descubrir aquello que haríamos incluso si nadie nos pagara por hacerlo.
Cuando una pasión permanece viva durante toda una vida, deja de ser una profesión, se convierte en una forma de existir y, quizá, por eso los Rolling Stones siguen grabando discos, No porque lo necesiten, no porque tengan algo pendiente por demostrar, lo hacen porque, después de más de sesenta años, la música dejó de ser simplemente lo que hacen.
La música es quienes son
Mientras existan artistas capaces de recordarnos que nunca es tarde para crear, para aprender o para volver a empezar, siempre habrá una buena razón para poner un disco, subir el volumen y recordar que las pasiones verdaderas nunca envejecen. Tal vez esa sea la verdadera inmortalidad de un artista.
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