Por Christian Santiago Católico Riaño
Tengo que admitir algo: no soy un gran amante del fútbol; soy, ante todo, un melómano que sigue soñando, Dream On. Sin embargo, el Mundial es otra historia. Hay algo en el mes mundialista que logra despertar emociones incluso en quienes preferimos un buen disco antes que un balón rodando sobre el césped.
El Mundial tiene esa extraña capacidad de unir personas, despertar esperanzas y convertir historias anónimas en relatos que terminan dando la vuelta al mundo. Y, curiosamente, la música siempre está ahí para acompañarlas.
Durante estos 2 días me sorprendí viendo decenas de videos sobre Cabo Verde. Un país que soñó con hacer historia, que luchó hasta el último minuto y que terminó cayendo frente a una de las encopetadas selecciones del mundo: Argentina. Aunque el resultado favoreció a los del cono sur, las redes sociales parecían tener otro protagonista.
Cabo Verde se convirtió en el símbolo de quienes se atreven a desafiar lo imposible. Fue entonces cuando ocurrió algo que me llamó profundamente la atención
Muchos de esos videos estaban acompañados por una canción que llevo escuchando desde hace años y que, sin exagerar, considero una de las composiciones más poderosas de la historia del rock: Dream On, de Aerosmith. Y fue inevitable preguntarme por qué esa canción seguía emocionando a personas de distintas generaciones y en contextos tan diferentes.
La respuesta, quizá, está en el origen de Dream On
Steven Tyler creció rodeado de música. Su padre, Victor Tallarico, era pianista y profesor de música, y fue quien despertó en él el amor por este arte desde muy pequeño. En su autobiografía, Tyler recuerda que uno de sus lugares favoritos era acostarse debajo del piano mientras su padre interpretaba obras de Beethoven, Bach o Chopin. Aquellas tardes no solo lo acercaron a la música; también sembraron en él una forma de entender la vida.
Dicen que hay consejos que duran toda una vida. Para Steven Tyler, esas palabras llegaron desde el piano de su padre. Mientras las notas llenaban la casa, Victor Tallarico solía decirle:
«Hijo, lucha por tus sueños. Sé feliz y canta todos los días. Canta cuando estés alegre, canta cuando estés triste; canta siempre, porque nunca sabemos si mañana seguiremos aquí.»
Aquellas palabras quedaron grabadas en el corazón de Steven Tyler. Años después, mientras comenzaba a abrirse camino en la música y daba forma a la que sería la primera gran canción de Aerosmith, encontró en ese consejo de su padre la inspiración para escribir Dream On. Más que una canción, fue una declaración de principios: un recordatorio de que los sueños solo permanecen vivos cuando tenemos el valor de perseguirlos.
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Dream On continúa vigente más de cinco décadas después
Las grandes canciones casi siempre nacen de historias profundamente personales. No necesitan efectos especiales ni fórmulas comerciales. Basta una emoción auténtica para que puedan atravesar diferentes generaciones y encontrar nuevos significados en personas que jamás conocieron a quien las escribió.
Eso fue exactamente lo que vi mientras observaba aquellos videos del Mundial: un país luchando por cumplir un sueño, un arquero que se convirtió en héroe para millones de personas, por el amor a su madre, quien lo acompañó en su campaña y, de fondo, una canción escrita hace más de cincuenta años que parecía haber encontrado un nuevo propósito. Ahí comprendí, una vez más, el verdadero poder de la música.
Las canciones no pertenecen únicamente a quienes las escriben. Con el tiempo pasan a ser de quienes las necesitan. Acompañan victorias, derrotas, despedidas, encuentros y también esos momentos en los que hace falta recordar que los sueños siguen valiendo la pena.
Dream On, una de las canciones en los listados personales
No solamente por su impecable interpretación o por el extraordinario talento de Steven Tyler, sino porque cada vez que la escucho me recuerda algo que nunca deberíamos olvidar: seguir soñando.
Soñar cuando todo parece posible.
Soñar cuando el camino se vuelve difícil.
Cantar cuando la vida sonríe.
Cantar cuando las cosas no salen como esperamos.
Cantar porque estamos vivos.
Tal vez mañana no tengamos esa oportunidad.
Y cuando vuelvas a escuchar Dream On, quizá ya no pienses únicamente en Aerosmith. Tal vez recuerdes la historia de un padre que, sentado frente a un piano, sembró en su hijo el amor por la música, la perseverancia y la esperanza. Un hijo que nunca dejó de creer en sus sueños y que transformó aquellas palabras en una obra capaz de inspirar a millones de personas alrededor del mundo.
Porque al final, como ocurre con la buena música, las canciones trascienden el tiempo. Cambian de escenario, acompañan nuevas historias y encuentran nuevos corazones donde habitar.
Hoy fue Cabo Verde. Mañana será otra selección, otro sueño o quizá otra historia completamente distinta. Pero Dream On seguirá estando ahí, recordándonos que vale la pena luchar, creer y seguir cantando, incluso cuando el camino parezca imposible. Esa es la magia de la música.
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