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El paraíso oculto en el corazón de Chingaza, un santuario natural nutrido de paisaje, animales y ecoturismo

Parque Nacional Natural Chingaza, un santuario natural. Foto: Shutterstock.

Desde 1977 el Parque Natural Chingaza, deslumbra por su riqueza natural, el cautivador paisaje y por las actividades de entretenimiento para los aventureros que visitan el lugar.

Redacción: Dayanna Stephany Guerrero García. Estudiante de sexto semestre del programa de Comunicación Social-Periodismo.

Entre recónditos paisajes, fauna y flora inigualable, se encuentra la más extraordinaria travesía que cualquier aventurero quisiera experimentar. Con temperaturas en épocas frías que alcanzan los 4°C, el Parque Nacional Natural Chingaza, ubicado en la imponente Cordillera Oriental de la región andina de Colombia, se convierte en uno de los mayores atractivos para todo viajero.

Desde picos y montañas, frailejones y musgos, venados y osos de anteojos, este páramo abre sus puertas para los más impresionantes espectáculos. Los citadinos, disfrutan todo el trayecto con sorpresas de animales como el venado –tiernas, curiosas y ágiles criaturas– aparecen de repente permitiendo que los turistas observen por limitados segundos la belleza que los caracteriza, para desaparecer rápidamente entre los helechos que recubren el lugar.

Para un clima tan cambiante como el que se percibe en este magnífico parque, es necesario que los visitantes se equipen con chaquetas abrigadas, guantes gruesos, gorras y botas pantaneras. Un atuendo adecuado para evitar que sus manos se congelen con el penetrante frío, que su cuerpo quede tembloroso con la constante caída de gotas de lluvia, y sus mejillas se tornen rosadas por la pesada neblina que desciende vertiginosamente del cielo, especialmente, en las temporadas de invierno.

Durante todo el recorrido se puede descansar en un hermoso paraje, donde se observan; gloriosas, majestuosas y profundas lagunas de origen glaciar que cautivan por el fascinante color azulado que se refleja en el agua, y por los imponentes cerros que parecen proteger la pureza que se esconde detrás de millones de ecosistemas, que solo existen en un lugar tan interesante y divertido como en este maravilloso Parque Natural.

Es un paisaje tan increíblemente hermoso como observar un firmamento inundado de estrellas en la playa o deslumbrarse con la maravillosa gama de colores reflejados en una aurora boreal que se extiende a lo largo del horizonte.

Venado colorado en el Parque Nacional Chingaza. Foto: Dayanna Guerrero.

Compartir con los venados, que de un momento a otro salen en rebaños no solo para pastar, sino para atraer las miradas, sorprender a más de un explorador con su incomparable personalidad. Estos animales conocidos por ser suspicaces, temerosos y tímidos, revelan cuan curiosos, animados, alegres e intrépidos son en realidad. Se acercan sigilosamente ­–discretos, cautelosos, prudentes– esperando la reacción de esos excursionistas que asombrados se atreven a invadir su espacio.

Con el pasar de las horas sucede algo extraordinario, estos impredecibles seres dejan su lado salvaje para congeniar con cada aventurero, como si fueran animales domésticos; se quedan mientras disfrutan de su comida, permiten que los acaricien y se convierten en los protagonistas de fotografías encantadoras.

En cambio, los osos de anteojos son animales fuertes –huidizos, solitarios, juguetones– que se ocultan en los árboles mientras recolectan los alimentos que necesitan para sus pequeños oseznos, es difícil coincidir con ellos, pero sin duda sería un encuentro excepcional.

El Parque Nacional Natural Chingaza guarda tesoros inolvidables para las personas que visitan este enorme santuario, y que regresan a sus hogares con vivencias inimaginables, conscientes de lo importante que es conservar, valorar y respetar la grandeza de la naturaleza que caracteriza este maravilloso páramo.

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