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Memorias de la guerra: el Salado, relato de una masacre

Especial realizado por los estudiantes del curso de Noticia y Entrevista, orientado por Ramiro Leguízamo.

Las Memorias de la Barbarie

Por Sebastián Fandiño G. 

Se cumplen cuatro lustros después de la masacre que duró seis días, que de acuerdo con los cálculos de los investigadores, 66 personas fueron asesinadas a manos de grupos paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC, en un pequeño poblado de los Montes de María; los testimonios de sus habitantes todavía son pieza clave de la investigación. 

La fecha es solamente un número. Así cuentan los pocos habitantes que quedan en el poblado. Después del desplazamiento que generó el genocidio de 66 personas, misma cifra que es una estimación simple, puesto que para tener este cálculo se tuvieron en cuenta los restos que pudieron ser reconocidos después de la masacre. No obstante, los relatos indican que la cifra de víctimas mortales puede ser más alta. 

Acribillados, mutilados, lacerados, violentados física y sexualmente, estos y otros vejámenes fueron los que tuvieron que padecer las víctimas desde el 16 hasta el 21 de febrero de 2000, los pobladores no tuvieron más remedio que rendirse ante sus victimarios, que venían armados, con hombreras distintivas de las Autodefensas y con órdenes directas de asesinar a los habitantes de lo que ellos llamaban el pueblo “partidario” de la guerrilla. 

Cargados de odio, según describe a los milicianos Édita Guerrero, una de las sobrevivientes de los más de cinco días teñidos de lágrimas de dolor de saladeros inocentes.

Quienes eran culpados de ser colaboradores de la guerrilla, mismo grupo armado que era presuntamente señalado de haber robado un número considerable de cabezas de ganado. De allí, los motivos que sellaron el destino de los habitantes de un corregimiento de los Montes de María. 

Luego de los hechos, el panorama era desolador. Ambientado del rojo penetrante proveniente de la sangre de los cadáveres de personas y animales, que tampoco fueron ajenos al odio de quienes disparaban los fusiles. El aire colmado por el llanto de los sobrevivientes quienes también tuvieron que recoger los cuerpos ya sin vida de sus allegados para darles cristiana sepultura, aún es testigo del drama y dolor que tuvieron que padecer los saladeros. 

Durante estos siete días, el drama por los residentes, acompañado de las secuelas después de la matanza, llevó a que los pobladores abandonaran su caserío por dos años.

Luego, en  2002, un grupo de 120 saladeros retornarían a su hogar, cubierto ya de una maleza espesa de dos metros de altura e infestada de insectos, como ellos mismos lo aseguran. 

Ahora, en 2020 los 500 habitantes del El Salado, viven con el recuerdo imborrable de la masacre y esperan que sus victimarios sean judicializados.

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