Por Christian Santiago Católico Riaño
Hay canciones que reconocemos desde los primeros segundos, suenan en una fiesta, en un bar, en un almacén o en una lista de reproducción cualquiera, y casi sin pensarlo empezamos a mover la cabeza al ritmo de la música, no necesitamos saber quién la escribió ni de qué habla, nos basta con que suene bien. Pero ¿qué pasaría si una de esas canciones que tanto disfrutamos escondiera una historia de terror que, de haberla escuchado con atención desde el principio, quizá nos habría hecho dejar de bailar por un momento?
Imagina que estás en una fiesta, suena una guitarra un tono muy relajado, entra ese ritmo contagioso y alguien pone a sonar Pumped Up Kicks, de Foster the People, seguramente has escuchado esta canción, fue uno de esos éxitos que se metieron en la radio, las fiestas y las listas musicales de principios de la década de 2010. Tiene una melodía luminosa, casi despreocupada, de esas que parecen hechas para pasar un buen rato, todo parece estar en su lugar hasta que uno empieza a prestar atención a lo que está diciendo la letra.
Una historia de terror perfecta para halloween
La canción nos presenta a Robert, un joven que guarda pensamientos violentos y encuentra un arma en el armario de su padre, a partir de ahí, la narración nos acerca a su mente y a la fantasía de hacerles daño a otros jóvenes, el estribillo, ese mismo que resulta tan fácil de cantar, deja de parecer una invitación a bailar y empieza a sonar como una amenaza, la música sigue teniendo el mismo ritmo, pero nosotros ya no la escuchamos de la misma manera.
Y entonces llega ese coro que seguramente muchos hemos tarareado sin detenernos demasiado en sus palabras. La canción habla de unos jóvenes con tenis llamativos que deben correr tan rápido como puedan, al principio, la imagen podría parecer casi inocente: chicos corriendo por la calle, jugando o tratando de llegar primero a algún lugar. Pero cuando conocemos la historia de Robert, la escena cambia por completo. ¿De qué están huyendo? ¿Por qué tienen que correr?, es una verdadera historia de terror.
Lo que parecía una imagen juvenil empieza a sentirse como una advertencia, de pronto, esos tenis ya no representan solamente la moda o la velocidad; parecen la única oportunidad de escapar de algo terrible y esa es la paradoja de Pumped Up Kicks: mientras la música nos invita a seguir el ritmo, las palabras nos hacen imaginar a alguien que necesita correr para salvar su vida.
Lea también: Inteligencia Artificial en la música: entre la perfección y lo valioso de la humanidad
¿Cómo puede una canción sonar tan bien y contar algo tan oscuro al mismo tiempo?
Mark Foster, vocalista y compositor de la banda, ha explicado que escribió la canción intentando comprender la perspectiva de un joven perturbado, su aislamiento y la falta de afecto que podía existir en su mundo, la intención era llamar la atención sobre una realidad preocupante, no celebrar la violencia.
La música nació con una ironía deliberada: una melodía atractiva acompañando una historia profundamente inquietante y quizás esa contradicción sea una de las razones por las que la canción se quedó dando vueltas en la cabeza de tantas personas, la intensión era mostrar una realidad que más allá que parezca una historia de terror, resulta ser una realidad, la canción es una alerta.
Hay algo que hace todavía más incómoda esta historia: durante años, Estados Unidos ha tenido que enfrentarse a tiroteos en escuelas y otros espacios públicos; por eso, para muchos oyentes, Pumped Up Kicks dejó de ser solamente una canción pegajosa y empezó a relacionarse con una realidad que ha dejado familias destruidas y comunidades enteras marcadas por el dolor.
Con frecuencia se ha asociado la canción con la masacre de Columbine, otra historia de terror, ocurrida en 1999. Sin embargo, es importante hacer una precisión: la canción no fue escrita específicamente a partir de ese ataque, apareció más de una década después y su autor ha explicado que buscaba explorar la mente de un joven violento y llamar la atención sobre un problema social, la asociación con Columbine y otros tiroteos surgió, en buena medida, por la manera en que el público interpretó la letra y por la dolorosa realidad que vino después.
La historia de la canción también cambió con el tiempo, después de diferentes tiroteos en Estados Unidos, su interpretación en vivo se volvió un asunto delicado, la banda ha optado en determinadas ocasiones por no tocarla, consciente de que para algunas personas podía representar algo más que una canción, un recordatorio de tragedias que nunca debieron ocurrir, era una situación compleja, una canción creada para llamar la atención sobre la violencia había terminado convirtiéndose, para algunas personas, en un recordatorio de experiencias terribles.
A veces hablamos de las canciones como si fueran objetos inofensivos que nos acompañan mientras hacemos otras cosas, las ponemos de fondo, las cantamos sin pensar demasiado en las palabras y las relacionamos con momentos felices, no tiene nada de malo disfrutar de una melodía, pero Pumped Up Kicks nos recuerda que vale la pena detenernos de vez en cuando a escuchar lo que realmente estamos cantando.
También nos obliga a mirar una realidad que va mucho más allá de la música, los actos de violencia extrema no se explican por una sola causa, y vivir con una enfermedad mental no convierte a una persona en alguien violento, el aislamiento, las amenazas, las señales de alarma que nadie atiende y el acceso a armas de fuego son asuntos que requieren atención seria, convertirlos en un simple recurso de terror sería ignorar el sufrimiento real que existe detrás de estas historias.
Quizá por eso la canción sigue siendo tan incómoda. No necesita monstruos, fantasmas ni efectos de sonido para producir inquietud o ser una historia de terror. Le basta con poner una melodía alegre al lado de una historia que preferiríamos no reconocer; ahora, mientras el ritmo nos invita a tararearla, la letra nos recuerda que a veces el horror no tiene la apariencia que esperamos.
Si escuchas Pumped Up Kicks, no te quedes únicamente con su ritmo contagioso. Busca la letra, escucha la voz de Mark Foster y sigue la historia de Robert. Puede que la canción te siga gustando, pero probablemente ya no la escuches de la misma manera.
Porque algunas historias de terror no necesitan aparecer en una pantalla ni suceder en una casa abandonada. A veces llevan años sonando en la radio, mientras nosotros bailamos sin haber prestado atención a lo que nos están contando.
Síguenos en Instagram y mantente informado de las noticias que están haciendo historia. ¡Construyamos juntos el debate sobre los hechos más significativos!













