Investigadores: Elkin Carbonó, Karol García y Nicolás Blandón
Colombia y Corea del Sur habitan extremos distintos del mapa y de la cultura: uno, anclado en América Latina, reconocido por su diversidad y calidez y el otro, en Asia oriental, referente global en tecnología, industria y transformación económica. Dos países separados por más de 14.000 kilómetros, con idiomas, historias y dinámicas sociales profundamente diferentes. Sin embargo, esa distancia geográfica contrasta con una relación que, aunque poco visible en el imaginario colectivo, tiene raíces históricas concretas.
Historia de la relación entre Colombia y Corea del Sur
La relación entre Colombia y Corea del Sur se remonta a la Guerra de Corea, conflicto que se desarrolló entre el 25 de junio de 1950 y el 27 de julio de 1953. Colombia participó como parte de la fuerza multinacional liderada por las Naciones Unidas y se convirtió en el único país de América Latina en enviar tropas terrestres al conflicto. La decisión fue anunciada el 6 de octubre de 1950 por el entonces presidente Laureano Gómez, quien autorizó el envío del Batallón Colombia para apoyar a las fuerzas internacionales en la península coreana.
El primer contingente del Batallón Colombia partió el 21 de mayo de 1951 hacia Corea. Según cifras del Ministerio de Defensa Nacional y el Centro Nacional de Memoria Histórica, aproximadamente 5.314 militares colombianos participaron en la Guerra de Corea entre 1951 y 1954, distribuidos en tres contingentes rotativos. Durante el conflicto, las cifras oficiales registran 163 soldados colombianos muertos, 448 heridos, al menos 30 prisioneros de guerra y 9 desaparecidos.
Tras la firma del alto al fuego, el 27 de julio de 1953, las tropas colombianas permanecieron en Corea hasta 1954 como parte de las fuerzas encargadas de supervisar la estabilidad en la zona. Posteriormente, el 10 de marzo de 1962, Colombia y Corea del Sur establecieron formalmente relaciones diplomáticas, lo que marcó el inicio de la cooperación bilateral entre ambos países.
Desde entonces, la relación entre Colombia y Corea del Sur ha incluido intercambios académicos, programas de becas, cooperación tecnológica y cultural, así como el fortalecimiento del comercio bilateral. Un nuevo hito en la relación se registró en 2016 con la entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio entre ambos países, que amplió el intercambio económico y la cooperación entre ambos países.
A partir de ese momento, los vínculos entre ambos países comenzaron a fortalecerse a través de la cooperación diplomática, los acuerdos comerciales y los intercambios culturales. Lo que inició como una alianza en un escenario de guerra evolucionó hacia una relación sostenida que hoy se refleja en múltiples dimensiones, desde la economía hasta las industrias culturales
Esta investigación periodística parte de ese contexto para analizar cómo esa relación histórica ha derivado en una influencia cultural contemporánea en Colombia, visible en el consumo de productos culturales, el interés por el idioma y la circulación de nuevas narrativas.
Influencia de las industrias culturales de Corea del Sur en Colombia
La influencia de Corea del Sur en Colombia ha crecido de forma sostenida durante las últimas dos décadas, pasando de una relación histórica marcada por la participación colombiana en la Guerra de Corea a un intercambio contemporáneo que se manifiesta en el consumo de series, música, gastronomía, literatura, idioma y cooperación diplomática entre otros aspectos.
En este contexto, el fenómeno conocido como Hallyu, u “ola coreana”, se ha consolidado como una estrategia de expansión basada en la circulación global de contenidos culturales. Este impulso no solo ha posicionado a Corea del Sur como un actor clave en la industria cultural contemporánea, sino que también ha fortalecido su presencia en escenarios locales, donde estas expresiones son apropiadas, reinterpretadas y resignificadas por nuevas audiencias.
Impacto de la pandemia y expansión digital
La periodista y docente Alejandra Jarava, quien ha sido honoraria del Ministerio de Relaciones Exteriores de Corea y participante del programa K-Influencer, explica que el crecimiento de este fenómeno se aceleró especialmente después de la pandemia.
“A raíz de la pandemia, la facilidad de ver contenidos coreanos en plataformas como Netflix, Amazon, Viki y otras, contribuyó a que más personas pudieran acceder y empaparse de la cultura coreana”. Jarava agrega también que la presencia de agencias culturales como KOICA y KOTRA, junto con la llegada de empresas coreanas al país, también ha fortalecido este interés.
Según la Korea Foundation, el número de seguidores de la cultura coreana en el mundo superó los 225 millones en 2023, reflejando una expansión global. Aunque no existe una cifra oficial consolidada para Colombia, reportes de la misma organización ubican a América Latina con más de 12 millones de seguidores de la cultura coreana, y señalan a Colombia como uno de los países donde este fenómeno ha crecido de forma sostenida, especialmente entre audiencias jóvenes.
Primeras manifestaciones del Hallyu en Colombia
Daisy Saravia Chumbimune, investigadora de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y quien se ha especializado en Estudios Culturales; en específico, en la literatura asiática, señala que la expansión inicial de la cultura coreana en América Latina estuvo ligada a la televisión y a la circulación de telenovelas asiáticas.
En Colombia, esto se reflejó en la emisión de producciones como ‘Escalera al Cielo’, que comenzaron a despertar interés entre algunas audiencias desde comienzos de los años 2000. Sin embargo, el auge definitivo del Hallyu llegó con las plataformas digitales y las redes sociales, que permitieron un acceso más amplio e inmediato a contenidos coreanos.
Comunidades de fans y cultura participativa
Por otra parte, este fenómeno también se ha traducido en la creación de colectivos de fans, la realización de eventos, competencias de baile y la apropiación de estéticas y formatos propios del K-pop. En ciudades como Bogotá, Medellín y Cali han surgido grupos de danza enfocados en la interpretación de coreografías de este género, como Empire K-pop Dance Team y Double Blade Crew, que incluso han participado en escenarios internacionales como el K-pop World Festival.
Experiencias locales y apropiación cultural
La líder del grupo Dance cover Hunix, Danna Castro Duarte, explica que su acercamiento a la cultura asiática comenzó desde la infancia a través del anime, el J-pop y la cultura japonesa. Sin embargo, fue durante la pandemia cuando empezó a profundizar en el K-pop, interesándose por grupos como Mamamo, BTS y Blackpink.
“En ese entonces era muy raro que a alguien le gustara el K-pop. Si te gustaba el anime o el K-pop eras como ‘la rarita’. Ahora ya está mucho más normalizado”, señala.
Su experiencia muestra cómo el consumo de estos contenidos puede convertirse en una práctica colectiva. Lo que comenzó como coreografías ensayadas sola en casa terminó llevándola a audicionar en agrupaciones de dance cover, participar en concursos y finalmente crear su propio grupo.
Castro explica que gran parte de esta escena se mueve a través de redes sociales como Instagram y TikTok, plataformas en las que se publican convocatorias, audiciones y eventos. Allí también circulan páginas organizadoras como Revolution K-pop que articulan concursos, encuentros y actividades para grupos y solistas.
Además de los escenarios de competencia, Danna destaca que estos espacios funcionan como redes de apoyo y socialización entre jóvenes con intereses comunes, en donde se construye comunidad.
Estos espacios no solo evidencian el crecimiento del interés por la cultura coreana, sino también la forma en que es reinterpretada a nivel local. Grupos de jóvenes organizados replican coreografías, producen contenido digital y, en algunos casos, comienzan a incorporar estos elementos en sus propias propuestas artísticas, dando lugar a procesos de adaptación y resignificación cultural.
Apropiación cultural e hibridación
Para Saravia, estos procesos muestran que el consumo de cultura coreana ya no es pasivo. Cuando los jóvenes comienzan a adaptar coreografías, incorporar expresiones coreanas, reinterpretar estilos visuales o producir contenidos inspirados en el K-pop y los dramas, se genera una apropiación cultural que transforma esos referentes en prácticas locales.
De esta manera, surgen formas híbridas de expresión en las que elementos coreanos se mezclan con contextos colombianos.
A su vez, comunidades como Kpop Union Colombia, una organización de seguidores del K-pop, donde se reúnen grupos de baile, clubes de fans y creadores de contenido en distintas ciudades del país, han contribuido a articular a los seguidores del género, promoviendo encuentros, concursos, eventos culturales y espacios de circulación cultural que consolidan estas prácticas dentro del panorama juvenil colombiano.
Fandoms y organización comunitaria
Este ecosistema cultural y social ha estado fuertemente influenciado por agrupaciones como BTS, que han fortalecido y ampliado el alcance del K-pop, no solo por sus cifras de reproducción o su presencia en escenarios globales, sino por su capacidad de construir comunidades de seguidores altamente organizadas.
Esta influencia se refleja en la consolidación de fandoms como el ARMY de BTS y fanbases como ARMY Bogotá con más de 50 mil seguidores en diferentes regiones del país y ARMY Colombia con más de 62 mil, que articulan a sus miembros a través de redes sociales, encuentros y actividades culturales, evidenciando cómo el consumo musical se transforma en dinámicas activas de participación y construcción colectiva.
Daisy también destaca que BTS ocupa un lugar especial dentro del fenómeno global del Hallyu, pues su impacto trasciende lo musical. El grupo ha sido utilizado como una figura de representación cultural de Corea del Sur en campañas de turismo, diplomacia y cooperación internacional, consolidándose como uno de los principales embajadores de la imagen contemporánea del país.
Impacto social de los fandoms
Colectivos como ARMY Sostenible Colombia desarrollan desde 2019 proyectos sociales, culturales y ambientales en nombre de los integrantes del grupo en distintas regiones del país, incluyendo campañas navideñas, recolección de ayudas y actividades de impacto comunitario.
Por su parte, Fondos ARMY Colombia no solo organiza campañas para posicionar la música de la boyband en plataformas digitales, sino que también participa en causas humanitarias y solidarias, siguiendo la filosofía del grupo y de campañas globales como Love Myself, impulsada por BTS en alianza con UNICEF.
Para Jarava, los contenidos que más conectan con los colombianos están relacionados con tres grandes ejes: Los K-dramas, el K-Pop y las K-series junto con programas en general enfocados a contenidos sobre turismo en Corea del Sur.
Eventos culturales y expansión del Hallyu
Este crecimiento también se refleja en eventos culturales. En 2025, el K-World Festival Colombia, un evento de difusión de la cultura coreana que incluyó presentaciones de K-pop, concursos de baile, muestras gastronómicas y actividades culturales, fue organizado por la Embajada de la República de Corea en Colombia en alianza con la organización cultural Hallyu Colombia, quienes se encargan desde el 2010 en expandir y analizar la cultura coreana.
Consumo digital y cifras de visualización
Por otra parte, el consumo digital ha impulsado la expansión del Hallyu. De acuerdo con el informe global de Netflix, las producciones coreanas y contenidos relacionados con el K-pop figuraron entre los contenidos más vistos durante 2025, acumulando un total de 96 mil millones de horas visualizadas en la plataforma.
Además, según los listados semanales de Netflix Top 10 Colombia, producciones coreanas han ocupado posiciones relevantes. Por ejemplo, durante la semana del 23 al 29 de marzo de 2026, la transmisión ‘BTS: El Comeback en Vivo’ se ubicó en el puesto 6 del Top 10 en Colombia, mientras que la serie ‘Un Novio por Suscripción’ alcanzó el puesto 8 dentro del ranking nacional.
Estos datos se suman al fenómeno global del contenido coreano, que continúa acumulando cifras destacadas; por ejemplo, nuevas temporadas de producciones coreanas como El Juego del Calamar han superado los 60,1 millones de visualizaciones y 368,4 millones de horas vistas en sus primeros días, consolidando el interés sostenido por las narrativas surcoreanas en mercados latinoamericanos como Colombia.
Idioma y cultura: el auge del coreano en Colombia
Daisy Saravia explica que el interés por Corea del Sur en Colombia ya no puede entenderse únicamente desde el consumo de música o series. Según señala, en los últimos años se ha consolidado un vínculo más profundo con el país asiático, especialmente entre jóvenes que buscan aprender el idioma, estudiar en Corea o comprender mejor su cultura.
Para Jarava este interés también se refleja en el aumento de colombianos que buscan oportunidades académicas en Corea del Sur, especialmente a través de programas como la beca GKS, impulsada por el gobierno coreano para estudios de pregrado, maestría y doctorado. “He conocido personas que han aplicado a la beca GKS y es una convocatoria muy reñida. Muchos colombianos ven a Corea como una oportunidad para progresar, estudiar y conocer una sociedad que asocian con disciplina y desarrollo”, explica.
Para Jarava este interés también se refleja en el aumento de colombianos que buscan oportunidades académicas en Corea del Sur, especialmente a través de programas como la beca GKS, impulsada por el gobierno coreano para estudios de pregrado, maestría y doctorado. “He conocido personas que han aplicado a la beca GKS y es una convocatoria muy reñida. Muchos colombianos ven a Corea como una oportunidad para progresar, estudiar y conocer una sociedad que asocian con disciplina y desarrollo”, explica.
Sin embargo, también advierte que esa percepción suele estar atravesada por una visión idealizada del país, construida a partir del entretenimiento y de los contenidos digitales. Tanto Daisy Saravia como Alejandra Jarava coinciden en que el crecimiento del interés por Corea del Sur también implica riesgos de idealización.
Aunque el país es admirado por su desarrollo económico, sus industrias culturales y su capacidad de innovación, ambas advierten que existen aspectos menos visibles, como la presión académica y laboral, los estándares de belleza, la competencia extrema, las dificultades de salud mental y las tensiones sociales que también hacen parte de la realidad surcoreana.
En Colombia este creciente interés por la cultura coreana también se ha traducido en una expansión de espacios formales e informales para el aprendizaje del idioma. Este proceso no ocurre de manera aislada, sino que está respaldado por instituciones que promueven activamente la enseñanza del coreano como parte de una estrategia cultural más amplia.
Entre estas iniciativas se destacan entidades como el Instituto Rey Sejong Bogotá, autorizado oficialmente el 24 de julio de 2012 por el Ministerio de Cultura, Deportes y Turismo de Corea del Sur, como parte de la estrategia del gobierno coreano para expandir la enseñanza del idioma y la cultura coreana a nivel global.
Aunque este reportó 239.020 estudiantes a nivel mundial en 2025, en el caso colombiano el instituto ha mostrado un crecimiento progresivo sostenido, con cientos de estudiantes por corte anual y una expansión de cursos presenciales y virtuales desde 2023, lo que ha permitido ampliar la cobertura a estudiantes fuera de Bogotá
Además, el centro colombiano también fue reconocido por el Ministerio de Cultura, Deportes y Turismo de Corea del Sur como una de las cinco sedes más destacadas a nivel global por su crecimiento y cooperación educativa, lo que refleja el aumento del interés por el idioma coreano en el país.
Así mismo, organizaciones como la Korea Foundation y la Embajada de la República de Corea en Colombia han fortalecido programas educativos, intercambios académicos y actividades culturales que fomentan este interés.
En el contexto local, espacios como el Centro Cultural Coreano Urimuri se han convertido en puntos de encuentro clave para el aprendizaje del idioma y la difusión cultural, articulando talleres, cursos y eventos que conectan a comunidades con contenidos provenientes de Corea del Sur. Este tipo de iniciativas evidencia cómo el interés por el idioma no solo responde al consumo de productos culturales, sino también a una estructura institucional que facilita y promueve su apropiación en el país.
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Relación Diplomática y Comercial entre Colombia y Corea del Sur
La relación entre Colombia y Corea del Sur se ha fortalecido significativamente durante la última década, especialmente tras la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio entre Colombia y Corea del Sur en julio de 2016. Este acuerdo convirtió a Corea del Sur en el primer país asiático con el que Colombia mantiene un tratado comercial vigente, consolidando una alianza estratégica que ha impulsado el intercambio económico, la inversión extranjera y la cooperación cultural entre ambas naciones.
Además del comercio, la relación bilateral entre Colombia y Corea del Sur también se refleja en el aumento de la movilidad internacional entre ambos países. De acuerdo con cifras de Migración Colombia, durante 2024 ingresaron a Colombia 6.784 ciudadanos surcoreanos, lo que evidencia un crecimiento en el turismo entre Corea del Sur y Colombia, los intercambios académicos internacionales y las actividades empresariales binacionales.
Crecimiento del comercio bilateral
De acuerdo con el Informe Oficial del Tratado de Libre Comercio Colombia-Corea del Sur 2025, el comercio bilateral en 2024 mostró resultados positivos. Colombia registró un superávit (cuando los ingresos son mayores que los gastos) generando 262 millones de dólares, una mejora significativa frente a los 20 millones de dólares alcanzados en 2023.
Las exportaciones colombianas hacia Corea del Sur alcanzaron los 1.180 millones de dólares en 2024, lo que representó un crecimiento del 43,1% respecto al año anterior.
Diversificación de las exportaciones
Uno de los aspectos más destacados del crecimiento comercial ha sido la diversificación de la oferta exportadora colombiana. Las exportaciones de bienes no minero-energéticos crecieron 21,1% durante 2024, lo que indica una reducción gradual de la dependencia de los productos energéticos.
Dentro de este aumento, el banano registró un crecimiento cercano al 18% en valor exportado hacia el mercado surcoreano, mientras que las grasas y aceites vegetales aumentaron alrededor del 24%, impulsados por la demanda de la industria alimentaria y cosmética.
Por su parte, los crustáceos, especialmente camarón, presentaron uno de los mayores incrementos, con un crecimiento superior al 30% en 2024, favorecido por el alto consumo de productos del mar en Corea del Sur.
Inversión surcoreana en Colombia
La relación económica también se ha fortalecido mediante la inversión extranjera directa. Entre 2002 y 2023, Corea del Sur ha realizado inversiones en Colombia por un total de US$227 millones, según el Informe sobre el Desarrollo, Avance y Consolidación de los Acuerdos Comerciales Vigentes 2025, elaborado por el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo de Colombia (MinCIT) con datos oficiales de inversión extranjera directa.
El informe también señala que en 2021 la inversión surcoreana fue de US$1,2 millones, mientras que en 2023 alcanzó US$6 millones, evidenciando variaciones anuales pero una presencia sostenida del capital surcoreano en el país.
La relación entre Colombia y Corea del Sur evidencia cómo los vínculos entre países ya no se construyen únicamente desde la diplomacia sino también desde la cultura, el entretenimiento y las nuevas narrativas que circulan en las plataformas digitales así como en la economía. Lo que comenzó hace más de siete décadas con la participación colombiana en la Guerra de Corea se ha transformado en una conexión que hoy permea la música, las series, el idioma, la gastronomía y los intercambios educativos y mercantiles.
En Colombia, el crecimiento del interés por Corea del Sur no solo refleja un consumo cultural cada vez más amplio, sino también la manera en que nuevas generaciones construyen referentes, identidades y aspiraciones a partir de contenidos globales. Desde jóvenes que aprenden coreografías en grupos de dance cover, hasta estudiantes que sueñan con becas en Seúl o fandoms que convierten su admiración por sus artistas favoritos en campañas solidarias, el Hallyu ha dejado de ser una tendencia pasajera para convertirse en una forma de comunidad, expresión y pertenencia.
Sin embargo, este fenómeno también plantea preguntas sobre las formas en que se idealizan ciertos países y sus culturas, las imágenes que se exportan y los aspectos que suelen quedar fuera de escena. Detrás del brillo de la industria cultural coreana también existen dinámicas de presión laboral, competencia social y exigencias estéticas que complejizan esa visión idealizada y que seguramente darían para otra investigación.
Entre Bogotá y Seúl hay miles de kilómetros pero también hay una historia compartida, una relación diplomática consolidada y una generación que encuentra en esa conexión un puente hacia nuevas formas de entender el mundo.
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