Redactado por: Andrés Felipe Núñez Ferro
El 8 de junio de 2024 mientras descansaba en sus aposentos de forma tranquila y serena poco antes de cumplir los 67 años de edad, una de las voces de la era de oro del periodismo y locución se apago dejando un legado difícil de alcanzar para una nueva generación en formación que sueña con regresar al periodismo a su máximo apogeo.
De Guadalupe a las grandes emisoras: los primeros pasos de Fred Emiro Núñez Cruz
En un pequeño municipio llamado Guadalupe, ubicado al sur del departamento del Huila, nació Fred Emiro Núñez Cruz, un 25 de agosto de 1957. Hijo de campesinos que fueron desplazados por la violencia que ha azotado al país desde tiempos inmemoriales, se mudó a muy temprana edad a la capital diocesana del Huila, Garzón. Don Pedro, su padre, era un vendedor de cacharros en las calles que con el paso de los años logró adquirir varias propiedades en la localidad, como billares, galleras y restaurantes. Por su parte, su madre, Doña Teresa, era una cocinera que, según contaba Fred Emiro, preparaba el mejor sancocho de la zona y era muy reconocida por el gran sabor de sus platillos.
Desde muy joven, Fred descubrió su pasión por la locución y el periodismo. Todo empezó como un juego entre él y sus hermanas, organizando reinados de belleza en casa a los que invitaban a los vecinos y a las amigas. Como él mismo relataba en diversas ocasiones, sus hermanas, Ruth, Ester y Consuelo, siempre ganaban los títulos de reina, virreina y princesa, a pesar de ser las más feas del grupo. Esta vocación lo llevó a iniciar su camino profesional poco antes de cumplir los 15 años, en la estación radial Radio Garzón.
Tiempo después, migró a Florencia, Caquetá, para desempeñarse en la radiodifusora Ondas del Orteguaza. Allí conoció a Guillermo Castellanos Díaz, quien le consiguió una audición para probarse en Radio Sutatenza, en la capital del país. La prueba, aunque corta, demostró su enorme capacidad para la lectura; sin embargo, con tan solo 16 años, no podía ser contratado legalmente.
Como si se tratase de un acto divino, el dueño de la cadena, monseñor José Joaquín Salcedo, gestionó los permisos laborales tanto para Fred Emiro como para otro joven que también se convertiría en un gran comunicador: Luis Guillermo Troya. Durante su etapa en Sutatenza, Fred impartió clases de español y matemáticas, oportunidad que aprovechó para enriquecer sus propios conocimientos.
Más adelante, Fred Emiro recibió una llamada de Armando Moncada Campuzano, quien había adquirido el espacio deportivo en aquella emisora. En un primer momento, pensó que se trataba de una broma de sus compañeros, pero al contestar, el señor Moncada lo citó en su oficina. Allí mismo lo contrató para el Deportivo Sutatenza, compartiendo equipo con Carlos Antonio Vélez y con el entonces director de las páginas deportivas de El Tiempo, Camilo Tovar Ramos.
Entre el periodismo, los mundiales y la lucha por la vida: el legado de Fred Emiro Núñez
Con el transcurrir de los años, y mientras Fred Emiro se encontraba laborando en el noticiero Todelar bajo la dirección de Germán Salgado Morales, le tocó vivir un episodio sumamente complejo para la nación, el 6 de noviembre de 1985 un comando de la guerrilla conocida como el M-19 se tomó el palacio de justicia con el fin de hacerle un juicio al entonces presidente de la república Belisario Betancur Cuartas.
A pesar de lo difícil que resultaba establecer comunicación con el interior del edificio, gracias a la insistencia del equipo periodístico lograron conectar una línea y escuchar el dramático mensaje del magistrado Reyes Echandía: “Por favor, dígale al presidente que dé la orden de que cese el fuego porque nos van a matar”. Justo después de que el presidente de la corte pronunciara estas palabras, la comunicación se cortó.
Días después de este suceso el 13 de noviembre de 1985, ocurriría la erupción del volcán Nevado del Ruiz la cual causo un deshielo, generando una avalancha que acabaría con Armero, Fred Emiro cubrió de manera muy breve. En sus propios términos, era un escenario tan desolador que no podía creer que, en aquel sitio, donde horas antes existía una población, ahora solo asomara la cúpula de la iglesia. Regresó a Bogotá rápidamente, pues confesaba no tener la fortaleza anímica para presenciar semejante catástrofe.
Posteriormente, le surgió la oportunidad de viajar como voz comercial al Mundial de México 1986. En ese torneo presenció hitos históricos como la famosa «Mano de Dios» y el «Gol del Siglo», ambas jugadas magistrales efectuadas por la leyenda argentina Diego Armando Maradona.
La enfermedad renal de Fred Emiro Núñez y una vida marcada por el amor y la perseverancia
En 1990 llegó una noticia que marcó a Fred Emrio pues esta era una grave enfermedad, una glomeroesclerosis focal y segmentaria, una afección renal que el en varias ocasiones describió como un cáncer renal, pero esto no impidió que Fred tuviera una segunda participación en un mundial siendo este Italia 1990, viviendo momentos como la primera clasificación de Colombia de una fase de grupos a fase eliminatoria, la pitada al himno argentino por la cual Diego Armando Maradona dejó de jugar en Italia poniendo rumbo a Sevilla.
Tres calendarios más tarde, fue testigo de una hazaña inolvidable del combinado nacional: el célebre 5 a 0 contra Argentina, en las eliminatorias para el Mundial de Estados Unidos 1994. Formó parte de la delegación de Caracol junto a Hernán Peláez, Édgar Perea, César Augusto Londoño y otros destacados colegas. Recordaba que, al inicio del encuentro, el estadio entero lanzaba insultos e improperios contra los visitantes, pero al llegar el quinto gol, el público local terminó aplaudiendo de pie tanto a la escuadra colombiana como a la prensa.
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Por aquel 1994 conocería a Claudia Yaneth Ferro Ducuara, con quien tuvo a su primer hijo Jhonatan Orlando, nacido el 27 de julio de 1995, tiempo después llegaría su segundo hijo Cristian Camilo, nacido el 27 de febrero de 1997, en este mismo año debido a su enfermedad Fred Emiro tuvo que someterse a un trasplante de riñón, que con el mayor acto de amor su esposa, Claudia seria su donante el 14 de octubre de 1997.
Tras este viacrucis médico y posicionándose como como el mejor locutor comercial del país y la figura oficial de El Precio es Correcto, alcanzó a grabar más de 500 documentales para National Geographic.
Tiempo después su enfermedad volvería y Fred Emiro perdería el riñón donado por su esposa en el año 2001, volviendo a su tratamiento renal, debido a las secuelas del tratamiento, sufrió un primer infarto mientras cenaba en un restaurante con mi mamá. Logró recuperarse y obtuvo una pensión de invalidez por sus marcados padecimientos físicos, pero a pesar de ello, nunca dejó de ejercer su profesión.
10 años después del nacimiento de su segundo hijo Fred Emiro recibiría una nueva bendición en su vida, pues el 6 de enero del 2007 alrededor de las 9 y 30 de la noche nacería yo, Andrés Felipe Núñez Ferro.
A pesar de la cruz que supuso su enfermedad, la vida de mi padre transcurrió en un remanso de paz, amor y bendiciones incesantes; un favor divino que él, con gratitud infinita, retribuía a Dios en cada oración matinal y en cada prédica de domingo. Poseía un espíritu genuinamente alegre; era un hombre cuya sonrisa constante tenía el poder de apaciguar el mayor de los problemas.
No obstante, hasta las historias más nobles reclaman un final. El 8 de junio de 2024, descansando en la paz de su lecho, se despidió de este mundo con una sutil sonrisa dibujada en los labios. Se ha marchado, sí, pero el legado de aquel hombre cuyas raíces se forjaron en Guadalupe nos ha dejado a Jhonatan, a Cristian y a mí su príncipe: una historia de vida inquebrantable que honraremos y admiraremos por el resto de nuestros días.

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