Rock al Parque: tres décadas de historia, cultura y memoria en Bogotá 

Redactado por Sara Barón Corzo

Durante treinta años, el parque Simón Bolívar no solo ha sido el epicentro del tradicional pogo capitalino, sino que se ha consolidado como el patrimonio sonoro y visual más importante de la música independiente en Colombia.  

Con motivo de la conmemoración de sus 30 años de existencia, esta crónica reconstruye el impacto cultural del festival a través de las experiencias, anécdotas y análisis de dos figuras activas de la escena creativa bogotana, Abdel Alexis Arenas, diseñador gráfico, docente y apasionado seguidor del evento desde sus inicios, y Juan Díaz, fotógrafo y realizador audiovisual especializado en el cubrimiento de espectáculos en vivo. 

Rock al Parque en los años noventa: cintas VHS, logística urbana y la mística de los inicios 

Para comprender la magnitud que alcanzó el festival, es necesario remontarse a la Bogotá de mediados de los años noventa, una ciudad con una oferta cultural restringida y muy pocos escenarios para la música en vivo. 

Abdel Arenas conserva como un tesoro de archivo un videocassette en formato VHS que contiene grabaciones de la primera edición realizada en 1995 donde se ven registrados él junto a sus amigos por un breve momento.  

“Más que un objeto, tengo una grabación porque ese primer festival lo transmitieron, en esa época se llamaba Señal Colombia, el canal institucional, lo transmitieron y, curiosamente, lo retransmitieron unos meses después. Y cuando yo empiezo a ver que nosotros salíamos en la Plaza de Toros, en la grabación, ahí en el público fregando y todo, lo grabamos, esto lo tengo guardado en un formato de que se llama VHS, y ahí estoy grabado y ahí se alcanza a ver un pedacito donde salimos con los amigos. Eso es lo que guardo, digamos, de ese de ese primer festival.” 

Para Arenas, ese registro audiovisual trasciende lo anecdótico y representa la prueba documental de cómo nació un movimiento masivo en la capital. 

Foto: Rock al Parque

Abdel recuerda con precisión cómo eran las dinámicas de asistencia en esa primera etapa del evento. En una época sin redes sociales ni telefonía móvil, la convocatoria era un acto de fe colectiva y resistencia urbana. El transporte público hacia el parque Simón Bolívar se convertía en parte central del ritual, los jóvenes abordaban los buses con lo justo para el pasaje, organizándose en grupos para llegar a los escenarios. 

Según relata Arenas, el ambiente no solo estaba marcado por la música y la catarsis colectiva en la plaza, sino por la urgencia de encontrar un espacio propio de expresión en medio de un contexto urbano complejo. 

Por su parte, Juan Díaz vivió una aproximación distinta desde la perspectiva de un espectador que crecía en un entorno familiar distante del género. En su casa, la banda sonora habitual estaba dividida entre la música religiosa que escuchaba su madre y los vallenatos que oía su padre. Su primer contacto directo con este universo sonoro ocurrió al escuchar un casete del álbum Ten de Pearl Jam. Esa revelación lo llevó a ingeniárselas para asistir a su primer concierto en 1996, presenciando a Héroes del Silencio en el Palacio de los Deportes, con apenas ocho años.  

Juan Díaz llegó por primera vez al Simón Bolívar en la edición de 2001, que fue la séptima del festival, realizada de manera excepcional durante una semana completa del 3 al 12 de octubre, utilizando escenarios como la Media Torta, el Parque Simón Bolívar, el Parque El Tunal y el Parque El Renacimiento y contó con 31 bandas distritales, 11 nacionales y 18 internacionales. Aunque, Díaz ubica sus recuerdos más estructurados en la celebración de los diez años del evento en 2004. 

Foto: Rock al Parque

Rock al Parque y sus ediciones históricas: testimonios de momentos memorables 

La evolución del festival ha dejado jornadas grabadas en la memoria colectiva de Bogotá. Abdel enfatiza que las ediciones de finales de los noventa y principios de los dos mil consolidaron una identidad gráfica y estética única.  

En el caso de Juan Díaz, la edición del décimo aniversario en 2004 representa un hito fundamental por su infraestructura, el patrocinio de marcas internacionales como Coca-Cola y la transmisión televisiva a través de MTV, reuniendo a más de 400.000 personas. Sobre esa jornada, Díaz destaca presentaciones emblemáticas: 

«Ver a Kraken ante 120.000 personas en el escenario Plaza, el show de Catupecu Machu, Luis Alberto Spinetta, Julieta Venegas, Café Tacvba y el cierre a cargo de Robi Draco Rosa, definió la capacidad de convocatoria que podía alcanzar el festival». 

Foto: Rock al Parque

Para Arenas, el festival no solo educó el oído de la ciudad, sino también su mirada, la utilería, los afiches oficiales y la imagen institucional del evento marcaron a toda una generación de diseñadores gráficos y creativos visuales. 

“Hay un momento que nunca olvidaré. 12 del día, cuando arranca oficialmente la primera banda, uno siempre asume que ahí va la banda más desconocida porque les tocó por ser los nuevos y ahí, generalmente, hay muy poquita gente. Pero en una edición decidieron presentar a uno de los mejores grupos que tiene Colombia, que se llama Kraken, con la Orquesta Filarmónica de Bogotá. El tema es que logísticamente no podían hacer el montaje en la noche y, entonces, tenían que hacerlo en el día. Y decidieron que iba a ser a las 12. La gente se quejó mucho y los organizadores tenían mucho miedo porque era un espectáculo con mucho montaje, pero no lo iba a ver suficiente gente. Eran las 10 a.m. y faltando 2 horas para que abrieran la puerta, ya había, sin mentirte, unas 50.000 personas. Y cuando arrancó a las 12 en punto, con un aguacero brutal, estaba la Orquesta Filarmónica completa, el grupo tocó y en la plaza había más 90.000 personas como si fuera el grupo más famoso que cerraba en la noche”. 

Ambos coinciden en que el clima y los contratiempos logísticos formaron parte del carácter épico del evento. En 2005, el montaje de Kraken Sinfónico retumbó bajo una lluvia constante antes de las presentaciones de Apocalyptica y Jaguares. Dos años más tarde, en 2007, la histórica granizada que cubrió el parque y paralizó el festival, puso a prueba la resistencia del público en el césped y la capacidad técnica de la organización. Asimismo, señalan cómo las ediciones de 2008 con la participaron agrupaciones internacionales como Babasónicos, Bloc Party, Carcass y Black Rebel Motorcycle Club y la edición siguiente contó con 69 bandas en total, destacando shows de Fito Páez, Molotov, Morbid Angel, Kinky, que sirvieron para reafirmar el poder del circuito internacional y del nacional, con agrupaciones de la talla de Ultrágeno, La Pestilencia y Aterciopelados liderando la programación. 

Rock al Parque desde el lente y la academia: fotografía, lenguaje y transformación tecnológica 

La relación de Juan Díaz con el evento cambió de forma radical en 2009, cuando obtuvo su primera acreditación como fotógrafo de prensa. En esa misma edición estableció contacto con la agrupación uruguaya “No Te Va Gustar”, proyecto con el que años más tarde trabajaría de manera profesional en la producción visual. Pasar de la masa al escenario de fotografía implicó una reestructuración de su postura frente al espectáculo: 

“Ir como prensa o trabajador implica perder la libertad del espectador; ya no se va en plan de fiesta con amigos, requiere mantener una mirada crítica, mesurada y técnica sobre el espectáculo”. 

A esta transformación profesional, se suma la evolución tecnológica que ha atravesado la documentación de los conciertos. Tanto Arenas, desde el análisis gráfico, como Díaz desde la realización audiovisual, analizan cómo la masificación de los teléfonos inteligentes y cámaras compactas como la DJI Osmo, redefinió el registro de los eventos masivos. Mientras que, en los noventa, la memoria dependía de unos pocos fotógrafos o videografos con equipos análogos o de aficionados como Abdel que registraban en VHS, hoy la producción de contenido es inmediata e individualizada. 

Juan Díaz reflexiona sobre este cambio en la manera de consumir y registrar la música en vivo: 

“El público actual busca experimentar el evento en tiempo real, sentir a través de los ojos de los demás”. 

Esta nueva dinámica, impulsó la transición desde el formato de captura horizontal tradicional (16:9) hacia la narrativa vertical (9:16), optimizada para el consumo rápido en plataformas digitales y redes sociales. 

Foto: Rock al Parque

Rock al Parque y el debate de la diversidad: la apertura de géneros y el nuevo mercado 

Un punto de discusión recurrente a lo largo de estas tres décadas ha sido la inclusión de géneros distantes de la vertiente más pesada o tradicional. Desde la perspectiva de Arenas, la presencia de diversas expresiones musicales ha sido vital para evitar el estancamiento del festival y para reflejar la complejidad cultural de una metrópoli como Bogotá. Arenas sostiene que la gráfica y la curaduría del evento siempre han buscado dialogar con las tendencias de cada época, permitiendo que distintas subculturas convivan en un mismo espacio público. 

En este sentido, Juan Díaz coincide en que las críticas por la apertura de la programación suelen ignorar la propia historia del festival: 

“El pop siempre ha tenido cabida desde los inicios del festival”. 

Como respaldo a su postura, Díaz evoca la participación histórica de proyectos heterogéneos como La Pepa Fresa, Mon Laferte, ¡Miranda! y Julieta Venegas. Para ambos realizadores, permitir la convivencia de diferentes corrientes sonoras es el único camino para garantizar el relevo generacional y conectar con la Generación Z.

Al alcanzar sus 30 años, el panorama en el que opera el festival distrital es completamente distinto al de 1995. Mientras que en sus comienzos constituía prácticamente la única ventana gratuita para ver agrupaciones internacionales de gran formato, hoy comparte escenario con una industria privada sólida, promotoras internacionales y recintos de gran escala como el Movistar Arena. Este ecosistema plantea retos económicos y logísticos para la contratación de artistas y la distribución del presupuesto público. 

Entre las cintas de VHS que Abdel Alexis Arenas conserva como testimonio de los orígenes y las imágenes en alta definición que Juan Díaz captura desde el lente de prensa, Rock al Parque llega a sus tres décadas marcadas por la música, el espectáculo, cambios de clima, la estética, pero sobre todo reafirmándose como un archivo vivo, uno de los puntos de encuentro culturales con reconocimiento internacional más emblemáticos de todo Bogotá.

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