Redactado por Gabriela Espinosa
Bogotá y varios municipios de Cundinamarca recibirán una inversión internacional para fortalecer la protección de sus fuentes hídricas. El Fondo Verde para el Clima de las Naciones Unidas entregará más de $145 mil millones para financiar un proyecto que busca conservar los ecosistemas que abastecen de agua a la región y mejorar su capacidad para enfrentar los efectos del cambio climático.
La iniciativa, denominada “Construyendo Resiliencia Hídrica en Bogotá y la Región”, tendrá una financiación total cercana a los $244 mil millones, al sumar los recursos internacionales y los aportes de entidades públicas y otros aliados. Su ejecución está prevista entre 2027 y 2032.
El proyecto fue estructurado por la Alcaldía de Bogotá junto con Conservación Internacional y cuenta con el aval del Gobierno Nacional. Sus acciones estarán enfocadas en proteger los páramos, recuperar bosques altoandinos y conservar los nacimientos de agua.
Protección del agua en Bogotá y Cundinamarca

Foto: Alcaldía de Bogotá
Uno de los principales objetivos será conservar y restaurar cerca de 6.800 hectáreas de ecosistemas estratégicos. Las intervenciones se concentrarán en la cuenca alta del río Tunjuelo y en zonas de páramo y bosque altoandino de Guacheneque, Guerrero, Chingaza y Sumapaz.
Estos territorios cumplen una función esencial en la regulación del recurso hídrico. Sus suelos y vegetación ayudan a captar, almacenar y liberar gradualmente el agua de las lluvias hacia ríos y quebradas. Además, hacen parte de las áreas que contribuyen al abastecimiento de Bogotá y municipios cercanos.
De acuerdo con la información divulgada sobre el proyecto, las fuentes hídricas relacionadas con esta estrategia abastecen también a 40 acueductos comunitarios y veredales. Entre los municipios que se beneficiarán se encuentran Villapinzón, Sesquilé, Guatavita, Guasca, Tausa, Cogua y Zipaquirá.
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Más de 10 millones de personas se beneficiarán
El proyecto busca fortalecer la seguridad hídrica de más de 10 millones de personas de Bogotá y 33 municipios de Cundinamarca. Para alcanzar este propósito, no se limitará a la recuperación de los ecosistemas: también contempla el trabajo con familias campesinas, pequeños productores y organizaciones comunitarias.
Entre las metas previstas para 2032 está conservar aproximadamente 4.800 hectáreas mediante acuerdos con al menos 650 familias campesinas y propietarios rurales. También se proyecta restaurar más de 2.000 hectáreas de páramos y bosques altoandinos que presentan deterioro.
Otra línea de trabajo será acompañar a más de 1.200 familias productoras para implementar prácticas agrícolas y ganaderas sostenibles. La propuesta incluye, además, fortalecer a 30 asociaciones de productores y apoyar la protección de las fuentes de agua de las que dependen las comunidades.
En cuanto al abastecimiento, se contempla fortalecer 40 acueductos comunitarios y veredales. Las acciones estarán dirigidas a mejorar la medición del consumo, reducir pérdidas, apoyar los procesos de tratamiento y verificar la calidad del agua que reciben los habitantes.
Recursos para conservar las fuentes hídricas

Foto: Blu Radio
Además de la financiación internacional, Bogotá aportará más de $59 mil millones al desarrollo de la iniciativa. Estos recursos permitirán ampliar las estrategias de conservación y respaldar el trabajo que se realiza con propietarios rurales y familias campesinas.
Una de las herramientas utilizadas para este propósito son los Pagos por Servicios Ambientales Hídricos. A través de estos acuerdos, las comunidades pueden recibir incentivos por conservar o recuperar áreas naturales de sus predios que contribuyen al abastecimiento de agua.
La coordinación entre autoridades ambientales, gobiernos locales y organizaciones comunitarias será importante para mantener estas acciones y responder a las necesidades de quienes dependen del recurso.
Una estrategia frente al cambio climático

Foto: El Tiempo
La inversión también busca preparar a Bogotá y a los municipios cercanos para enfrentar fenómenos climáticos que afectan la disponibilidad de agua. Los periodos de sequía asociados a El Niño pueden reducir los niveles de los embalses, mientras que las lluvias intensas pueden aumentar el riesgo de inundaciones y afectar las fuentes hídricas.
La experiencia de los racionamientos de agua que vivió Bogotá durante 2024 y 2025 evidenció la importancia de proteger las cuencas que abastecen a la ciudad y fortalecer la gestión del recurso.
Con esta inversión, Bogotá y Cundinamarca buscan consolidar una estrategia de largo plazo que combine financiación internacional, acciones institucionales y participación comunitaria. El desafío será cumplir las metas previstas hasta 2032 y asegurar que la protección de los ecosistemas se traduzca en beneficios duraderos para el abastecimiento de agua de la región.
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